Sistemática biológica: un somnífero excelente un tema apasionante III

Atención. Aviso Importante: Esta serie de entradas puede causar somnolencia, sopor profundo o un estado de inconsciencia temporal efímera pero inevitable. Pero si alguna vez os habéis preguntado por qué leches se empeñan en llamar Canis lupus a un lobo de toda la vida, vais hasta arriba de café, y no tenéis miedo a reventar vuestro teclado de un cabezazo… os reto a leer esto.

 En la primera y segunda parte de esta apasionante serie de entradas llegamos a la conclusión de que en nuestros sistemas clasificatorios o modelos nunca nos ajustaremos completamente a la realidad. También habíamos dejado más o menos definida una categoría del sistema de clasificación jerárquico (la especie). De ordenar esas especies en grupos se encarga la Sistemática, que tradicionalmente siguió los criterios legados por Linneo y agrupó a  los seres vivos según sus características observables. Y todo fué bien.  Hasta que apareció Sir Charles Darwin.

Resulta que si nos creemos la Teoría de la Evolución (que nos la creemos) y queremos ordenar las cosas y queremos hacerlo bien (de la forma menos arbitraria y más pragmática posible), aún sabiendo que cualquier sistema será imperfecto, la lógica nos dice que debemos hacerlo siguiendo la mentada teoría. ¿Cómo? pues buscando caracteres compartidos con significado evolutivo (que revelen un antecesor común) entre especies para agruparlos en géneros; después buscado caracteres  comunes entre géneros para agruparlos en familias. Las familias se agrupan en órdenes, los órdenes en clases, las clases en filos y los filos en reinos. Además existen un montón de categorías intermedias: subfilo, superclase, subclase, infraclase, superorden, etc.

Sistemática biológica: un tema apasionante III

Fuente

 

Intentar clasificar, por ejemplo, a los animales (reino Metazoa) siguiendo un criterio evolutivo basándose en caracteres morfológicos provoca errores en la clasificación debido entre otras cosas a lo que se denomina en biología órganos análogos u homoplásicos, que son fruto de la evolución convergente. En oposición los órganos homólogos, fruto de la divergencia evolutiva nos dan pistas sobre cómo actuó -y actúa- la evolución de las especies. En un ejemplo muy burdo, obviando completamente la anatomía comparada, la morfología evolutiva, etc.,  alguien podría considerar que un pájaro y un murciélago son especies próximas evolutivamente ya que ambos tienen unas estructuras planas en el tórax que les sirven para volar… pero no. Es verdad que ambos tienen órganos parecidos, las alas, pero no son órganos homólogos sino análogos, y no denotan un antecesor común, sino una adaptación al medio anatómicamente parecida. Actualmente la biología molecular nos proporciona nuevas herramientas aparentemente menos arbitrarias y más objetivas, pero eso ya es otro tema.

Si alguien se ha conseguido leer esto de un tirón se ha ganado mi respeto y un gallifante, que más o menos valen lo mismo. Para reclamar tu premio deja un comentario y… ya te llamaremos.

Para saber más pincha aquí, aquí o aquí

Sir Cremoso & C.C.

 

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3 comentarios sobre “Sistemática biológica: un somnífero excelente un tema apasionante III

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