Asco, vergüenza y pena

asco, vergüenza, pena

 

Por suerte y por desgracia vivo en Santiago. Suerte, pues es una ciudad incomparablemente bella, aun bajo la incesante lluvia que es ya inmanente , viva y dinámica, rebosante de historia y de recunchos que descubrir. Igual a muchas otras, pero más igual que la mayoría. Desgracia porque también desborda corruptos y caraduras; aunque lo bueno es que están aislados. Los tenemos acorralados, muchos se atrincheran en el perímetro del Obradoiro y algunos en otros reductos de menor entidad .

Hoy, mientras desayunaba, leía un periódico de distribución regional. El resultado ha sido similar al de muchos desayunos de los últimos años. El diario no me ha informado ni formado, además, su contenido no me ha entretenido ni me ha aportado nada positivo; lo único que me queda después de mi ritual matutino es una acre mezcla de sensaciones negativas, el estómago lleno y las tripas revueltas. La primera arcada ha sido por asco.

Asco al ver cómo un país que podría ser próspero está en manos de mangantes y canallas de corbata con alfiler de oro. Asco de que me representen una ristra de hijosdelagranputa sin ningún tipo de escrúpulo, que venderían a su madre por una comisión,  sin un ápice de decencia, individuos que son capaces de decir, sin el menor atisbo de rubor, cosas como: “Soy inocente , pero no digo que no cometiera prácticas poco éticas” o “[…] estar preocupado por eso sería ridículo, con la que está cayendo en otros sitios.” cuando se le pregunta a un concejal por la imputación de sus correligionarios en una trama de corrupción.

Al pasar de sección en el noticiario me sobrevino la segunda náusea, esta vez en forma de vergüenza propia y ajena. Primero fue la ajena al leer las crónicas del debate del estado de la nación, tanto por las sandeces vertidas por el presidente del gobierno como por las pobres y condescendientes réplicas de la oposición. Antes de que me invadiese la vergüenza propia, he de reconocer que sufrí un regüeldo del asco inicial mezclado con jugos digestivos y una buena dosis de ira, porque uno, aunque ya esté amansado por los pescozones de esta clase, sigue sin ser de piedra. Como decía, la vergüenza ajena dejó paso a la propia por pertenecer a este …¿país? Los últimos rescoldos de patriotismo que me quedan ya no los guardo para que no se apaguen con el chaparrón de injusticias y cabronadas a las que nos somete nuestra autoridad incompetente, sino que los escondo donde nadie pueda verlos. Con qué cara puede uno decir que es español, gallego, picheleiro o calagurritano, si seas de donde seas te salpica la mierda procedente del escaño de turno, que te humilla, porque eres parte del sistema democrático y como tal son tus representantes, quieras o no.

Al cerrar el periódico y apurar el último sorbo de café llegó la pena. Fue al darme cuenta de que la solución a todo esto está muy lejos,  de que quizás esto no se pueda cambiar a través de los cauces democráticos como creía. Ya no valen los parches ni las medias tintas, de nada sirve el manso descontento general, ni la indignación, es inútil el cabreo de taberna y los improperios en petit comitè. Lo único que puede poner fin a este circo es una verdadera revolución, bien violenta, bien pacífica, pero es necesaria una catarsis completa y profunda en la que no quede títere con cabeza. Sea literal o figurada, de esta sólo nos salva la guillotina.

Sir Cremoso

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3 comentarios sobre “Asco, vergüenza y pena

  1. Sin cremoso mis sentimientos son los tuyos,después de ver y escuchar a esta panda de hipócritas hijos de puta ayer, estoy pensando en dejar de ser ciudadana española y dar un giro cambiar el Atlántico de mis amores por el desconocido Pacifico. Galicia mi maravilosa tierra en manos de gentuza,Santiago mi ciudad de nacimiento mi amor por mi ciudad es inmenso y como no,me duele ver tanto sinvergüenza pegado a su poltrona con el cinismo la hipocresia y poca verguenza que les caracteriza,salimos a la calle y unidos no vencerán,como aquella canción de mis tiempos mozos http://www.youtube.com/watch?v=hMXQ026t3zY.

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