Evasión o depresión. El mundo en el que vivimos.

Ayer, en una breve charla durante el habitual (que no rutinario) paseo perruno vespertino, surgió un interesante debate: ¿el mundo es una mierda, o no?. Mi interlocutora defendió el no. Yo sostuve que sí, que la sociedad actual es una piltrafa a todos los niveles: global, estatal, regional e individual. Mi postura, es tan radical como honesta, aunque eso no quiere decir que sea veraz. Me explico: yo sostengo que aproximadamente el 90% de la población mundial está compuesta por incompetentes, imbéciles e hijosdelagranputa. Esta afirmación  por políticamente incorrecta es radical, honesta la considero porque no me lo invento, es una estima que creo bastante objetiva y que se ajusta bastante a la realidad que me rodea; aunque poco veraz por éste mismo motivo, ya que es una hipótesis basada en una observación personal y por tanto sin rigor estadístico. Pero como esto no es Nature y mis revisores suelen ser bastante benévolos voy a elucubrar lo que me dé la gana, aunque sólo sea por liberar un poco de mala leche.

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Digo que vivimos rodeados de imbéciles, incompetentes e hijosdeputa porque durante mis casi 30 primaveras me he encontrado un montonazo de ejemplos de especímenes de este tipo. Pero aquí surge el principal problema de mi teoría: ¿qué es ser imbécil? ¿e hijoputa? ¿se es incompetente por cometer un solo error? Mi opinión es que no, no son categorías discretas, hay todo un abanico de posibilidades, pero si hiciésemos piscostasis, poniendo las buenas y malas acciones en una balanza, muchos perderíamos por goleada. Podéis pensar que soy un pesimista irracional pero me considero justo lo contrario, no es que no tenga fe en el ser humano, es en la sociedad actual y sus productos los que me tienen desesperanzado.  Se podría argumentar que la sociedad la construyen las personas, pero sería mentira. La sociedad mundial actual la construyeron unas pocos reyes, aristócratas, burgueses, papas, obispos, y militares a lo largo de muchos siglos; todos somos productos de ella,  y es muy, pero que muy difícil de cambiar. Aunque no imposible…

Desde que tengo uso de razón he vivido rodeado de actos incomprensibles para mi inocente mente, canalladas e injusticias perpetradas en todos los ámbitos posibles. En el internacional: guerras injustas (si es que una guerra puede ser justa), colonialismo y esclavitud encubiertos; creo que sobran más evidencias al ver la que les está cayendo ahora mismo a los palestinos y cómo una pequeña parte de la población mundial (EEUU e Israel) deciden qué es legal y qué ilegal. Sobre este asunto  -aunque fuese el que me cabreó lo suficiente cómo para escribir esto- sólo os dejo este enlace a la web del profesor Norman G. Finkelstein, que ha sido detenido ayer, y este vídeo. Sobran las palabras

En el vecindario nacional y regional he visto: terrorismo, corrupción, injusticia, despotismo y más esclavitud disimulada o encubierta. En lo personal mejor no hablar, prácticamente lo único que he observado a mi alrededor es que a la gente noble, honesta y justa la han pisoteado una vez tras otra, enculada tras enculada. Pero lo curioso de todos esos casos, esas buenas personas a las que admiro,  que me llevan sorprendiendo desde bien pequeño: ninguno de ellos ha cambiado, todos siguen poniendo la otra mejilla, levantándose tras cada zancadilla y volviendo a confiar en la gente. Eso demuestra que el hijoputa  nace más de lo que se hace.

Aunque no se suele dar, los atributos de incompetencia, imbecilidad e hijoputez pueden concurrir en la misma persona, llegando al súmmum en la mayoría de nuestros representantes políticos, banqueros y empresarios varios. Aunque, como decía, son pocos los casos tan claros, suelen ser muy relevantes, ya que históricamente esas rarae aves, “casualmente” han ostentado puestos decisivos para la historia de la humanidad.

Para mí está claro que la prevalencia de cabrones en todos los niveles y estratos de la sociedad, es bastante elevada; llegados a este punto del razonamiento sólo nos queda preguntarnos qué hacer. Hay varias opciones. Si eres un incompetente, imbécil o hijodelagranputa, no te preocupes, te irá bien, probablemente el mundo en el que vives te parezca maravilloso. Si, por el contrario, te horroriza lo que la especie más inteligente se hace a sí misma a diario, tienes dos opciones: evasión o depresión. Drógate con cualquier cosa que tengas a mano: alcohol, tele, marihuana, ansiolíticos, opiáceos, fúmbol, únete a una secta, a un club de lectura o vete al circo. Ya lo decían los romanos y Calamaro.  Cualquier cosa que te aleje de la realidad es bien. Si no lo haces prepárate para la depresión, porque el remedio queda muy lejos.

Toda esta perorata no es más que mi opinión, y empecé esta entrada diciendo que aquella charla había sido un pequeño debate, pues bien, de manera muy acertada, mi aguda adversaria expuso una tercera vía; una solución por si no te apetece drogarte ni cortarte las venas: no dejes que todo este montón de bazofia te deprima, sino todo lo contrario,  que te sirva para valorar lo bueno que hay en tu entorno, porque gracias a toda la mierda que hay por ahí, la buena gente tiene mucho más valor. Son pocos, sí, pero valientes. Quizás los que conoces no  lleguen a una docena, pero son más que suficientes. Cuídalos, aprécialos, admíralos y utiliza los ratos con ellos como método de evasión. Es tu única esperanza si no naciste hijo de puta.

 

Sir Cremoso

 

 

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